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La dama en el agua de Princess

Develado en el Miami International Boat Show 2016, el Princess S65 es el nuevo integrante de la clase deportiva S de Princess Yachts.

  

De gran presencia el recién llegado S65 fue presentado en el Miami Boat Show, con su esbelta y aerodinámica forma que, en cierto modo, también le da un aire depredador. Un ligero casco profundo en V cumple la promesa con la impresionante velocidad de hasta 38 nudos. Al estar fondeado, la calma llega a las amplias y bien equipadas zonas de cubierta, que incluyen una espaciosa zona de asientos en proa. Además, la plataforma de baño hidráulica y el garaje para auxiliares son perfectos para practicar deportes acuáticos.

  

Su espacioso interior cuenta con una cocina acogedora en popa, que lleva al puente de mando, mientras que bajo la cubierta hay espacio para ocho invitados alojados en cuatro camarotes completamente equipados, tres de ellos con baño privado. 

  

Los deportivos de la clase V combinan un excelente comportamiento y rendimiento dinámico; la clase S por su parte, confirma el diseño y dinamismo de la marca así como la clase Flybridge, todos ellos, con la más avanzada tecnología y diseños contemporáneos.    
Princess Yachts International personifica lo mejor de la fabricación británica de yates así como el estilo elegante y refinado de sus acabados e interiores de lujo. Es parte de LVMH Group (Moët Hennesy – Louis Vuitton) conformado por más de 60 marcas de lujo.
 
  

Especificaciones

  • Eslora total (incl. púlpito) 20,32 metros
  • Eslora Total (sin púlpito) 20,03 metros
  • Manga 5,08 metros
  • Calado 1,47 metros
  • Desplazamiento aprox. 30.500 kg*
  • Capacidad total 4.100 litros
  • Capacidad de agua (incl. calentador) 873 litros
  • Opciones de motor – diésel
  • Dos Caterpillar C18 A (2 x 1.150 cv) Rango de velocidad: 32-34 nudos
  • Dos MAN V8 1200 (2 x 1.200 cv) Rango de velocidad: 33-35 nudos
  • Dos MAN V12 1400 (2 x 1.400 cv) Rango de velocidad: 36-38 nudos

  

La deliciosa experiencia de ver ‘True Detective’ semanalmente

Debo confesar que no he visto las temporadas completas de cualquiera de las series de Netflix. Nunca he terminado la cuarta temporada de Arrested Development, ni la primera de House of Cards o de Orange is the New Black. Me gustan algunas cosas de lo que visto de ellas (algunas más que otras), pero ese modelo moderno de bing-watching –o maratones de series de televisión– me ha llevado a atrincherarme frente a la tele durante unas horas, pero invariablemente me levanto a  hacer otra cosa más importantes, como beber una IPA en el porche de mi casa, para luego olvidarme de reanudarla. Tener disponible algo tan fácilmente –y saber que estará ahí a la hora que desee– provoca que me olvide de eso.

Sin embargo, no puedo dejar de ver True Detective cada semana. Al igual que Mad Men y hace ya un tiempo Breaking Bad, The Wire, The Sopranos y Twin Peaks en su momento, el programa se ha convertido en una cita obligada para mí. Al final de cada episodio ya quiero saber qué pasará a continuación, pero como en el caso de esos otros shows, me agrada tener la expectativa toda una semana. Sé que esto les deberá extrañar -especialmente a quienes pertenecen a la generación I Want It Now–, pero para mí, esto por sí solo proyecta por qué estas series son grandes programas de televisión. Son para saborearlos, no devorarlos en una sentada.

La semana que transcurre entre cada episodio me permite analizar de nuevo la hora anterior en mi cabeza, algo que no sucedería si pudiera ver el siguiente episodio con tan sólo un clic. Los temas –tan ricos y resonantes en esta serie– se cocinan a fuego lento para convertirse en algo más claro e interesante. La verdad es que no vuelvo a ver los episodios, pero me gusta leer lo que piensan los demás y tomar lo que me sirve para formarme una opinión. True Detective se convierte en una experiencia contemplativa, no podría no ser distinto en una historia de terror existencial a largo plazo.

Pero sobretodo, las brechas semanales resaltan el contraste del arco de la serie. La serie se ha ido inclinando hacia lo oscuro, y el hecho de contar con tiempo entre cada episodio para reflexionar sobre lo que está pasando –el significado de las cosas, la relación entre los dos protagonistas, ¿por qué nos muestra algunas escenas, qué roles desempeñan determinados personajes en un contexto más amplio?– define ese arco. Las series que sueles ver de corrido se tornan en neblinas al verlas capítulo tras capítulo; no obstante, cada uno de los episodios de True Detective poseen su propio sentimiento conforme el terror se acumula alrededor de la historia.

Netflix no inventó la modalidad bing-watch –eso se lo debemos a la primera persona con un videocasette VHS virgen que se le ocurrió grabar varios episodios de un programa para verlos en una sentada–, pero lo han pulido a tal grado, que algunas personas creen que es la única manera de ver la televisión. Y lo es, para cosas como House of Cards, o tal vez incluso para ejercicios que tratan de jugar con el formato, como la última temporada de Arrested Development. Pero la naturaleza episódica de la televisión, si bien, posiblemente en peligro de convertirse en cosa del pasado (¿por qué tomarse la molestia de dividir en episodios una serie que de todos modos verás en una sentada?), es parte de lo que hace la televisión tan grandiosa como una narrativa en serie puede ser . No se trata de la longitud de la historia, sino del tiempo que pasamos con la historia –convivir con Walter White y Jesse cada semana durante años nos ha permitido convertirnos en cómplices de ellos de una manera que las personas que ven la serie en bing-watch, durante tres fines de semana nunca podrán hacerlo. Vivir Game of Thrones y Mad Men durante algo parecido al tiempo real (como recordarás, cada temporada de Mad Men dura alrededor de un año) no hace más que enriquecer la narrativa de la historia.

Históricamente, la televisión ha sido un medio para transmitir ruido; la televisión al principio fue considerada como la radio con imágenes, y una gran cantidad de los primeros escritores para televisión se esforzaron para hacer shows que la gente quisiera seguir, incluso si sólo la tenías como sonido de fondo mientras hacías otras cosas. La televisión en serie moderna ha avanzado a un lugar donde tienes que observar lo que hay en la pantalla, y la narrativa extensa crea lazos únicos que sólo quienes la han acompañado durante el viaje pueden comprender. De repente tenemos señal definida en medio de ese ruido. Para mí, esa señal se pierde cuando cuando te sientas a ver un capítulo en segmentos de nueve horas. Incluso la mejor comida pierde su onda cuando te la metes a la boca a manos llenas.

Ustedes pueden seguir con sus maratones de televisión de fin de semana. Yo prefiero disfrutar de mis shows un delicioso bocado a la vez.