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¡Ai Weiwei! Un libro sobre el artista chino

La vida de Ai el artista activista

La vida de Ai Weiwei se extiende más allá del mundo artístico. No sólo es conocido por su famoso performance donde deja caer una urna de la dinastía Han, sino también por ser un activista que siempre se ha pronunciado en contra del gobierno chino y en pro de los derechos humanos. También está su faceta más lúdica muy a la vista, en su cuenta de Instagram, @aiww.

  
A partir de la Edición de Coleccionista de la editorial Taschen, se ha lanzado una nueva monografía que explora, con igual minuciosidad y profundidad, todas las etapas productivas de la carrera de Ai hasta su liberación, tras la retención que sufrió durante cuatro años en China. Fotografías tomadas en el estudio, declaraciones del propio autor y testimonios de sus colaboradores más allegados y de los máximos expertos en su obra ofrecen una mirada privilegiada al proceso creativo, las influencias y la relevancia de Ai.

  
Mientras sus circunstancias personales viven un constante vaivén, el artista chino sigue irradiando su magnetismo cultural. Conocido tanto por sus ideas políticas y su activismo en las redes sociales como por sus intervenciones sociales, su aproximación contemporánea al arte encontrado (ready-made) y su conocimiento de la artesanía tradicional china, la fama de Ai Weiwei se extiende más allá del mundo artístico.

  
A través de imágenes, que incluyen fotografías y planos de producción, y declaraciones de Weiwei, extraídas de entrevistas, se ofrece una mirada privilegiada al proceso creativo, las influencias y la relevancia de Ai. La obra incluye textos de Uli Sigg, un viejo amigo de Ai y antiguo embajador suizo en China; de Roger M. Buergel, comisario de Documenta 2007, que acogió la pieza Fairytale, y de expertos en política y cultura chinas como Carlos Rojas, William A. Callahan y James J. Lally.

  
Puedes echarle un ojo y comprar el libro aquí

  

Lectura para escaparte

Nuestra recomendación semanal del libro para llevarte a tu salida de fin de semana o que, en sí mismo, funciona como un escape perfecto.

EL VIAJE VERTICAL de Enrique Vila-Matas

Aparentemente, un hombre más de 70 años poco tendría qué aprenderle a la vida. Sin embargo, a partir de una separación conyugal propiciada por su esposa, el protagonista de esta novela, Federico Mayol, se ve forzado a una iniciación y al aprendizaje.

Así, El viaje vertical se refiere a la travesía obligada que emprende Mayol para alejarse de lo horizontal, de lo plano y lo rutinario, de la quietud que ofrece el confort, para así dejarse caer, hacia un viaje vertical donde la sorpresa y el descubrimiento –tanto propio como del mundo–, están a la orden del día.

Antes de su separación, Mayol no tenía el más mínimo interés o inquietudes culturales; pero es a partir de un viaje que emprende a Madeira, en Portugal, donde se percata de que el verdadero vacío de su vida radica en su mente e incultura.

Olvídense de Walter Mitty, de agilísima lectura,  esta novela es la auténtica analogía directa del viaje como ejercicio de crecimiento.

Detecta y cambia tus malos hábitos

Sin importar que trabajes en una oficina o en tu casa, los hábitos te van haciendo monje –si crees que mentimos, voltea a ver tu ombligo. En concreto: seguramente has experimentado la sensación de un antojo a determinada hora del día –desde un café, hasta una quesadilla como botana. Al igual que muchísimas personas que laboran, Charles Duhigg solía tenerlo, cada mediodía. No obstante, a diferencia de la mayoría de nosotros un periodista del New York Times encontró la manera de cómo deshacerse de su mal hábito.

Duhigg, autor de The Power of Habit: Why We Do What We Do In Life And Business, aplicó lo que aprendió en su investigación para escribir el libro en su vida. En nueve meses, bajó 10 kilos.

Lo que hizo fue simplemente detectar su propia “curva del hábito”.

Descubrió que los hábitos son acciones que realizamos casi inconscientemente. En lugar de ser decisiones reales, son comportamientos que se han asentado en nuestros cerebros, específicamente en la parte denominada ganglios basales. Una vez desarrollados, los hábitos suelen ser difíciles de “decodificar” por nuestra neurología.

De acuerdo con Duhigg, la buena noticia es que “Cualquier hábito puede ser modificado, no importa la edad que tengas o qué tan arraigado esté tu hábito”. Incluso para los cuarentones, cuyos hábitos han estado ahí por años, aplica la misma teoría.”

Es una cuestión de cambio, y no de erradicar el hábito. “Cualquier hábito tiene tres componentes: una señal, una rutina y una recompensa –comenta Duhigg–. Algo se convierte en hábito cuando tu neurología asocia una cierta señal con una recompensa en particular y una rutina determinada.” La curva del hábito aparece cuando la señal provoca una anticipación automática de la recompensa.

Por ejemplo, la señal de Duhigg y su botanita era simplemente que la manecilla de su reloj maracara las 3:30 de la tarde. La rutina era ir a la cafetería por una galleta. La recompensa, bueno, ustedes entienden.

Los expertos hablaron con quienes platicó mientras realizaba su investigación le dijeron que la manera de cambiar su hábito de la gallera era diagnosticar sus señales y recompensas.

“Comencé a poner atención al momento justo en que se me antojaba comer una galleta –comenta–. Descubrí que siempre sucedía como a las 3:30 de la tarde, así que esa era la señal –un momento específico del día. Luego, tenía que descifrar cuál era la recompensa. Al principio pensé que la ésta era la galleta en sí misma, pero el sicólogo me dijo “Bueno, no, la galleta es el resultado de varias recompensas , y tienes que darte cuenta cuáles son.”

Si únicamente tuviera hambre, una manzana quizás sería más que suficiente. Si necesitara azúcar para impulsar su energía, tal vez sólo bastaría que caminara una cuadra. Pero resulta que no era ninguna de estas dos.

“La recompensa por el comportamiento se daba cuando llegaba a la cafetería y podía ver a los compañeros y platicar con ellos: la socialización era lo que impulsaba mi conducta –explica Duhigg–. Así que cuando lo descifré pude crear un hábito nuevo.”

En lugar de dirigirse a la cafetería todas las tardes, se levantaba de su lugar, iba al escritorio de un compañero y empezaba una charla con él durante unos 15 o 20 minutos. De este modo, creó otro hábito: “Chismoseaba con ellos y luego regresaba a trabajar a mi escritorio, así el antojo de la galleta se fue esfumando.”

Su consejo para cualquiera que quiera cambiar sus hábitos, sin importar si se encuentran en la mediana edad o son más jóvenes, es que detecten sus comportamientos para descubrir las señales y las recomensas auténticas. Entonces, comenta, “elige un nuevo comportamiento que sea detonado por la vieja señal, y el resultado que obtendrás será similar a la antigua recompensa, pero a través de una conducta nueva.”

Ahora, estoy observando conscientemente mis rutinas y descubriendo señales, como pelando las capas de las recompensas, todo en búsqueda de crear mejores hábitos. Tampoco está mal apelar a la tecnología, pues aplicaciones como The Lift te pueden ayudar mucho en tu búsqueda.